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El desafío de criar búhos
Analía Ghirimoldi, amante de los animales, está criando cuatro búhos de campanario, no es ésta la primera vez ya que hace tres años también tuvo este desafío. Los búhos eligen para anidar uno de los tubos de las secadoras de la empresa de Jakas, Kokich e Ivancic, de allí los rescata Romelio Nicola y Analía Ghirimoldi es quien se ocupa del cuidado de los mismos hasta que lleguen a ser adultos para devolverlos al mismo lugar de donde los sacaron.

Me gustó el desafío, nunca había criado un ave de rapiña

Hace tres años van a poner en marcha una secadora y descubren en su interior un nido con cuatro búhos, lo mismo pasó este año. El señor Ortiz, que es Gerente de la firma Jakas, Kokich, Ivancich, donde trabaja mi marido, sabiendo que a nosotros nos gusta los animales, me pregunta si podíamos hacer algo para que no se murieran. La verdad que a mí me gustó el desafío, nunca había criado un ave de rapiña, solamente en una oportunidad encontré una lechucita con un ala rota y la tuve hasta que se le curó. Fui a buscar los búhos, los traje a casa y los puse en una caja. Eran sumamente agresivos, me acordé de haber visto, cuando era chica, a mi papá ir al galpón y ponerse guantes para poner en el nido algún búho que se caía. Hacía de mi infancia que no veía búhos de este tipo, se los llama búhos de campanarios. Eran muy ariscos. No sabía cómo darle de comer por la forma del pico, les hice una papilla con leche y carne y con una jeringa les hacía probar. El primer día no comieron, el segundo día intenté darles con una pincita de ceja y aceptaron, después empecé con un tenedor, después con una cuchara grande de madera, después con una pinza y por último ya le daba pedacitos de hígado, carne, menudo de pollos.

Me decían que no iban a sobrevivir

Lo primero que hice fue interiorizarme sobre sus costumbres, su alimentación, leía y me informaba con personas que conocen. Me decían que no iban a sobrevivir porque ellos comen animales vivos, por ejemplo pollitos, lauchas, entonces con mi marido pensamos que si teníamos que sacrificar a otro animal para darle de comer de estos no era justo, nos parecía una herejía, entonces dije, si comen carne y se alimentan de la manera que yo les voy a dar van a sobrevivir y sino... ¡darles animales vivos no! Por suerte aceptaron, sobrevivieron y crecieron. Les daba de comer cuatro veces al día y me llevaba una hora cada uno. A los tres meses más o menos empezaron a cambiar el plumaje. Más grande venían se iban poniendo cada vez más agresivos. Tenían muchísima fuerza. Por supuesto que siempre los agarraba con los guantes pero si lograban apretarme el dedo me cortaba la circulación, tienen muchísima fuerza en las patas. A medida que se iban viniendo grande cada vez era más difícil alimentarlo, me tenía que ayudar mi marido. Además al ir creciendo se fueron poniendo todos iguales y ya no podía distinguirlo entonces los tuve que marcar con distintos colores para poder saber a cual le había dado de comer y a cual no.

Los llevó de nuevo al galpón

Les tenía que dar de comer en total silencio para que no se distraigan y estar muy atenta porque me observaban los ojos y tiraban el picotazo. A medida que se fueron haciendo grandes lo pasamos a un canil que tenemos en el patio. Hasta que llegaron a ser adultos, las alas medían 1,20 m. cada una. Les daba de comer pollos y se comían también los huesos, terminaron comiendo tres kilogramos cada uno de carne por día. Comen dos o tres veces el peso de su cuerpo. Después de tenerlos seis meses, una mañana me encuentro que uno, logró salir del canil y se voló, entonces a los otros tres los pusimos en una caja y Sergio, mi esposo, los llevó de nuevo al galpón donde lo habían encontrado, lo pusieron en el nido con la caja. Por las noches los veo pasar o los escucho.

"Los Romelios" crecen saludablemente

Este año, nuevamente al llegar el tiempo de poner en marcha la secadora se encontraron con un nido con cinco pichones, dos se cayeron y uno se murió. Los cuatro que quedaron los traje a casa. Los llamo "Los Romelios" en honor a Romelio Nicola que fue quien los sacó de adentro la secadora.

En esta oportunidad me siento más segura porque ya tengo experiencia. Les voy dando de comer carne, hígado, menudo, corazón, huevos duros, lo mezclo con ricota, todo triturado y después ya le voy dando trozos, también le pongo un balde con agua y otro con leche, a la noche salen a tomar. Se me ocurrió ponerle leche porque recordé que cuando yo era chica unos vecinos tenían tambo y tiraban la leche que les sobraba y yo veía que a la noche los búhos bajaban a tomar.

Año tras año anidan en las secadoras

Romelio José Nicola: Trabajo en la empresa Jakas, kokich, Ivancich. Los búhos de campanarios, como se lo conoce vulgarmente, año tras año anidan en las secadoras. La primera vez que los vimos, con un alambre con un gancho los sacamos, Analía se los llevó, los crió y después los volvió a traer. Este año nuevamente encontramos pichones, eran cinco, uno se cayó y murió, los otro cuatro los tiene Analía. Para poder sacarlos me puse guantes de cuero largos hasta los codos, me apretaron con las patas pero no pudieron perforar el cuero. Con un gancho los fui sacando de a uno y los pusimos en una bolsa, los atamos bien y Analía se los llevó. Los otros días vino un camión y en el chasis encontramos un búho adulto, con las dos patas quebradas, bien arriba, perdía mucha sangre. Analía se ocupó de él. Estaba muy mal, no quería comer, se lo veía débil, pero Analía con paciencia lo alimentó y lo curó, hasta que se repuso, después de una semana de intensos cuidados, cuando le fue a dar de comer se encontró con la sorpresa que se había volado. Cada año cuando llega el tiempo de poner en marcha la secadora, nosotros la revisamos bien y cuando encontramos búhos los sacamos, de lo contrario morirían.

 

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